La provocación de Alessia resonó en las paredes de cristal del despacho como un desafío directo a la autoridad de Dante Thorne. Durante un instante eterno, el tiempo pareció congelarse en el piso cincuenta. Las palabras «veamos quién de los dos se quiebra primero» flotaron entre ellos, impregnadas de una valentía desesperada que amenazaba con resquebrajar el control absoluto que el magnate siempre ejercía sobre su entorno.
Dante no se movió de inmediato. Permaneció sentado tras su majestuoso esc