Una ronda de disparos hizo estallar la televisión repentinamente.
Zadriel se levantó de golpe, tirando la pesada silla de madera contra el suelo con un estruendo que hizo eco por toda la sala. Su pecho subía y bajaba con violencia, los músculos de su mandíbula tensos mientras su mirada se clavaba en los restos humeantes del aparato. La rabia que ardía en sus ojos no era humana. Era primitiva, devastadora, como si una tormenta hubiera tomado forma en su interior.
Ansiaba venganza, quería ver a s