La nieve seguía cayendo sobre Velghary mientras Clarisse observaba por la ventana del castillo. Su expresión era solemne, casi estoica, pero sus manos, que descansaban sobre su vientre, revelaban una leve tensión. Había estado intentando mantener la calma desde que los Carmina, Verona y Zadriel escaparon, pero la preocupación era una sombra constante sobre ella. Tal vez por eso es que se había sentido un poco indispuesta recientemente, estar embarazada y ser parte de una guerra cómo esa era dem