De ser posible, aquella mirada de Seniah, entonces habría convertido a Clarisse en una figura de piedra, sin embargo, todo era porque la chica se congeló. Las manos le sudaban, tenía la boca seca y el corazón le latía con una fuerza ensordecedora, y ni siquiera entendía porque carajos se sentía de esa manera. Sólo estaban hablando y de pronto todo era tan raro.
Seniah se acercó agraciadamente cual gacela y sin perder la sonrisa, la tomó de las manos y la llevó hacia el sillón en donde tomaron l