―Rápido, pónganse los cinturones de seguridad. Esto tomará tiempo, pero necesito que se quede acá ―les indicó Saenz, llevando a la familia O’Nelly hasta unos asientos en un rincón del avión y luego de asegurarlos fue hasta Owen―. Me imagino que tú debes tener una licencia especial para manejar esa monstruosidad, ¿no?
El trigueño se encogió de hombros con una sutil sonrisa
―Esas son ventajas de ser uno de los aliados de su alteza real. Creo que me lo quedaré cómo regalo de cumpleaños.
―Que lindo