―Muy bien, cielo. Con eso estaría todo terminado.
El joven sonrió orgulloso al escuchar las palabras de su madre.
―¡¿De verdad?!
―Claro, por lo visto no queda nada más en tu lista de tareas pendientes ―su hijo la miró con grandes ojos llenos de una brillante ilusión―. De acuerdo, dame el permiso y lo firmaré.
―¡Gracias! ―le dio un fuerte abrazo y luego le entregó la hoja de color lila y después de que su madre firmó, volvió a abrazarla―. ¡Eres la mejor, mamá!
―Ay, por favor. Eso ya lo sé, mejor