A veces nos acostumbramos tanto a la vida que olvidamos que es pasajera, que en un momento estamos y al siguiente nos hemos marchado. Que nuestros familiares y amigos quedarán marcados ante nuestra perdida, que nadie volverá a ver el mundo de la misma forma y que el dolor se convertirá en una constante en su día a día.
Realmente nadie está preparado para vivir una situación cómo esa, sin embargo, diariamente y en todas partes del mundo alguien moría. Era inevitable por mucho que la humanidad tr