La camioneta se detuvo frente al hotel y ambos subieron sin dirigirle una palabra al hombre que les abrió la puerta. El interior era bastante espacioso, por lo que Liza se sentó frente a Soren con las piernas cruzadas.
—¿Cuánto tardaremos en llegar? —preguntó la chica, denotando los nervios en su voz.
Soren, que estaba mirando su teléfono, alzó la vista hacia su amiga.
—Media hora aproximadamente.
—Hablé con Peter, me dijo que anoche fue por ella… ¿o fue en la mañana? —dudó la morena—. El cambi