El resto del camino fue tranquilo mientras platicaban y eso logró hacer el viaje más corto. El auto se detuvo frente al edificio departamental y Clarisse miró la estructura.
—¿Quieres entrar? —le ofreció, apuntando con el pulgar al edificio.
—Sí, gracias —respondió el pelinegro de manera educada.
Bajaron y caminaron uno junto al otro hasta el elevador.
Clarisse se sentía nerviosa, no obstante, no sabía realmente la razón. Soren no sería el primer chico que ella llevaba a su departamento, aunque