―Te desprecio ―masculló la chica viendo a través de la venta cómo llovía con fuerza.
El cielo parecía caerse, él no dijo nada y ella no lo miraba, pero sabía que tenía una sonrisa petulante grabada en los labios.
―No es cierto ―canturreó, moviendo la pajilla de su batido―. Pero te molesta evitara que te mojaras.
―No sabes si yo quería caminar bajo la lluvia.
―¿Querías caminar bajo la tormenta? ―preguntó con diversión.
―Tal vez quería hacerlo y ahora tú arruinaste todo mi plan.
―¿Al menos podría