―¿Qué ocurre? ―cuestionó el pelinegro. La chica apuntó sus ojos hacia su ex pareja, mientras que se acarició el vientre sutilmente―. Has estado en silencio varios minutos y te conozco. No eres de las que se queda sin palabras mucho tiempo porque siempre hay algo que decir.
―Tal vez he cambiado. No soy la misma que conociste y a la que engañaste.
―No te engañé ―repitió, rodeando los ojos.
―Sí, claro. Y no tengo nada que decir ―el príncipe entornó los ojos al notar algo que recordaba bastante bie