—¡Buenos días, ya salió el Sol!
Patrice corrió las cortinas y saltó a la cama de su amigo con demasiada emoción para Soren a esa hora de la mañana y para ese momento pensó en lanzarla desde el balcón o asfixiarla con la almohada.
—Sería tan sencillo..., su cuerpo será fácil de ocultar… —murmuró con la cabeza oculta debajo de la almohada.
—¿Qué dijiste?
—Nada, Patrice. ¿Qué haces en mi habitación a las…? —miró el reloj que estaba a un lado y sintió uno de sus parpados temblar—. ¡Siete de la maña