Soren bajó las escaleras y fue directo al comedor en donde Liza y Peter tomaban el desayuno. Ambos se sorprendieron al ver al joven despierto antes de lo normal e intercambiaron miradas cargadas de incertidumbre.
—Buenos días a los dos —saludó el pelinegro y tomó lugar a la cabeza de la mesa.
—Buen día —murmuró Liza confundida. Miró a su compañero y este torció la boca a un lado—. ¿Se siente bien?
—Por supuesto, Liza. ¿A qué se debe la pregunta? —inquirió Soren sirviendo la comida.
—Es que…, aú