—¡No, para! —lo alejó de un empujón—. Simplemente para. Esto no puede pasar, no podemos sentir nada por el otro.
—¿Por qué no, Daliah? —el hombre estaba molesto por la actitud que ella estaba tomando. Después de todo no era tan complicado admitir que sentían algo por el otro, que ella gustaba de él—. Sólo habla conmigo cómo lo has estado haciendo estos días. Nos hemos acercado tanto y no está bien que por tu miedo dejes atrás esto.
—No lo entiendes. Fuiste escogido para mí, no creas que únicame