La realidad es que ambos se sentían nerviosos por estar uno frente al otro. El silencio que reinaba era claramente incomodo, pues Clarisse no sabía cómo iniciar aquella platica y Soren pensaba que cualquier cosa que pudiera decir empeoraría todo.
¿Cuánto tiempo estuvieron simplemente mirándose?
Parecieron horas.
—Lo siento —enunciaron al unísono y sólo por eso sintieron que habían metido la pata.
—Disculpa, puedes hablar tú primero —cedió el pelinegro. Incluso dio un pequeño paso hacia atrás.
—