—Oye, Liza. ¿Sabes donde está Soren? —preguntó Clarisse al entrar en la cocina en donde la morena disfrutaba de un batido de frutas y galletas.
—Me parece que está en el balcón del primer piso.
—Genial, gracias.
—¡Oh, espera! —la detuvo y le entregó unas galletas con chispas de chocolate—. Tiene cara de fiera y las galletas con chispas siempre lo hacen sentir mejor.
—¿Sabes por qué está así?
—Probablemente por lo que pasó esta mañana.
—Cierto, que tonta —se propuso a retirarse, pero luego de pe