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—Tengo lo que me pediste —dije señalando las cestas—. Pero la señora Tilda quiere que yo misma entregue las medicinas a cada mujer.

Helga no puso objeciones, tal como la sanadora anticipara, y entre las dos separamos lo que correspondía a sus compañeras de turno, que resultó ser sólo una cuarta parte. Me indicó áreas y turnos de las demás, y pareció sorprendida cuando las agrupé sin tomar not

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