La noche ya había caído completamente sobre Moscú, cubriendo la ciudad con ese brillo elegante y frío que parecía existir únicamente en las grandes capitales donde el dinero nunca dormía. Las luces de los edificios iluminaban las avenidas húmedas mientras los autos atravesaban las calles como sombras veloces entre el tráfico nocturno.
Dentro del vehículo, el ambiente era completamente distinto al caos de afuera.
Dominik permanecía recostado contra el asiento trasero del Aurus negro, con los bra