Samantha lo miró con atención, como si apenas ahora estuviera entendiendo con quién estaba realmente. Siempre había escuchado de Dominik Adler como el hombre serio, frío, el tipo que no sonreía y que todos preferían no tener en contra. Lo había visto una sola vez, el día que conoció a la familia de Rafael, y en ese momento había sido exactamente eso: distante, correcto, casi imposible de leer. Nunca imaginó que debajo de esa fachada existiera alguien así de directo, de provocador… de peligroso