Capitulo 16
El silencio de la mansión se había vuelto un arma de doble filo. Durante una semana, el aire entre las paredes de mármol pesaba más que el oro. Valeria se había recluido en su habitación, convirtiéndola en una trinchera contra la frialdad de Amado, saliendo únicamente cuando escuchaba el motor del coche alejarse por el camino de entrada. Amado, por su parte, se sentía como un extraño en su propia casa. La frustración lo carcomía; estaba acostumbrado a someter voluntades en el mundo de los negoci