—¿Dónde estoy…?
La voz de Josselyn salió ronca al abrir los ojos. El techo que veía no era el de su habitación.
Demasiado alto. Y lujoso.
Parpadeó varias veces, intentando despejar la niebla en su mente. Le dolía la cabeza, como si estuviera llena de algodón.
Entonces la conciencia llegó poco a poco. Esa cama no era suya. Esa habitación tampoco.
Josselyn se incorporó de golpe.
El movimiento fue demasiado brusco, y un latido punzante le atravesó la cabeza.
—Despacio.
La voz masculina llegó desde