—Respóndeme.
La voz de Killian era baja, fría y opresiva.
Su mano aún sujetaba el mentón de Josselyn, obligándola a mirarlo directamente a esos ojos gris azulado. La distancia entre ellos era tan corta que Josselyn podía sentir el aliento cálido del hombre rozar sus labios.
Josselyn apartó su mano.
—Ya le respondí.
Killian no se movió. Su mirada seguía siendo penetrante.
—No fue lo suficientemente claro.
—No envié a mi tío al palacio —replicó Josselyn con rapidez—. Y no me importa lo que quiera