Narrado por Kyler Miller
Javi se me quedó mirando durante tres segundos eternos, con el vaso suspendido a mitad de camino entre la mesa y su boca. De repente, una carcajada ruidosa y descarada brotó de su garganta, resonando en las paredes de madera del reservado VIP. Se echó hacia atrás en el sillón de piel, sacudiendo la cabeza como si acabara de escuchar el mejor chiste de la noche.
—¡Por favor, Miller! Casi me lo creo —dijo, limpiándose una lágrima falsa de la esquina del ojo con el dedo—.