Narrado por Kyler Miller
Pasaron tres días desde el maldito martes en que Alissa abandonó mi penthouse con el labio partido y el corazón blindado. Tres días donde la firma Bullard se convirtió en un desierto de formalidades. Cada vez que nos cruzábamos en los pasillos de cristal, ella me dedicaba esa mirada ejecutiva, perfecta y vacía, llamándome "Señor Miller" con una frialdad que me congelaba la sangre. Había vuelto a levantar su muralla.
La desesperación me estaba carcomiendo las entrañas. S