Narrado por Kyler Miller
El trayecto hasta el penthouse lo pasamos en un silencio sepulcral, roto únicamente por el azote de la tormenta contra el parabrisas. Alissa no soltó mi mano en ningún momento; se aferraba a mis dedos con una desesperación muda que me carcomía las entrañas. Al entrar al estacionamiento subterráneo y subir por el ascensor privado, su cuerpo seguía temblando, no sé si por el frío de la ropa húmeda o por la descarga de adrenalina de la humillación que acababa de sufrir en