Apenas Samantha subió hasta su habitación cuando fue sorprendida por Simons.
—¡Samantha! —la mujer se detuvo en seco.
—¿Qué ocurre papá? —preguntó sonreída.
—¿Dónde estabas? —ella se mofó de él.
—¿Qué te sucede, eh? Soy mayor de edad y desde hace mucho tiempo que no le doy explicaciones a nadie. —Simons la sujetó del brazo.
—¡No voy a dejar que vuelvas a cometer una estupidez!
—¿De qué estás hablando? —tiró con fuerza de su brazo para soltarse del agarre de su padre.— No soy una niña y