Smith quedó sin palabras al escuchar la declaración de Gabriela. Todo su esfuerzo por meter a la cárcel a quien creía culpable, se desvanecía ante sus ojos. Aquella jugada de Roberto había sido un golpe bajo para él y la fiscal. Aún así, en un acto de desesperación, ambos quisieron rebatir aquella confesión.
—¡Objeción, señoría! La testigo está mintiendo, las pruebas son claras, la señorita sólo busca desviar nuestra atención en el caso.
—¡Aceptada! —contestó el juez golpeando con el mazo la