Como dos intensos amantes, Gari tomó de la cintura a Priscila y comenzó a besarla, ansioso, deseoso de sus labios y sus besos. La pelicastaña cedió ante sus ganas de amarlo y ser amada por Gari, nunca antes se sintió tan mujer, ni tan amada como con aquel hombre.
Ambos parecieron olvidar las verdaderas razones por las que estaban allí, en aquel lugar, citados para un encuentro crucial en sus vidas. Ella dejó su bolsa sobre el sofá para poder utilizar sus manos y recorrer la perfecta anatomía d