Esa noche Gerald llegó un poco tarde, nuevamente las dudas se hicieron presentes en Priscila.
—¿Dónde andabas? —preguntó mientras él se acostaba y le daba la espalda.
—Con mi padre. —contestó parcamente.
—¿Con Aaron? —preguntó sorprendida, sabía que él y su padre mo se la llevaban del todo bien.
—Sí, Priscila —dijo en tono hostil.
—No tienes porque enojarte, sólo me preocupó ver la hora y que no hubieses llegado Gerald. —él se volteó hacia ella.
—Disculpa, estoy tenso, la relación en l