Deseo repentino

Gerald entró a la habitación donde Priscila se ocupaba de cuidar de su bebé y al ver el rostro enrojecido de su marido, se sorprendió.

—¿Qué te pasó? ¿Quién te hizo eso? —colocó al pequeño Gael en su cuna, mientras se acercaba a Gerald.

—No es nada, Priscila —dijo mientras se desvestía para ducharse.

—¿Cómo que nada? ¿Con quien te peleaste? —Gerald no podía contarle que discutió con Gari Gootemberg por su amante, por lo que dijo sólo la parte de la verdad en la que él quedaba mejor parado.
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