La mañana siguiente, Priscila despertó muy temprano. A pesar de ser fin de semana, se sentía animada y con ganas de disfrutar del día. Aprovechando que su pequeño aún dormía, salió a trotar un poco.
—Sandy, regresaré en unos minutos. —dijo mientras se colocaba el reloj para medir las pulsaciones y calorías.
—Sí, señora. No sé preocupe, yo me encargaré de ver al niño.
—¿El Sr Gerald, está en su habitación? —preguntó con curiosidad.
—No, señora Priscila, aún no ha llegado —Priscila aplanó