La celebración estaba en pleno fulgor, todos reían y se divertían. Los paparazzis no dejaban retratar y fotografiar a la pareja, buscaban quizás ese punto de inflexión que corroborara la hipótesis de que aquel matrimonio era forzado y no del todo, feliz.
Annette logró rescatarla del asedio de los reporteros y llevarla habrá dentro de la mansión. Priscila estaba exhausta y un poco mareada, tenía los labios y el rostro pálido.
—¿Estás bien? —preguntó la rubia.
—Gracias, por rescatarme. No, n