Amaia Domínguez García
Puerto Vallarta, Jalisco, México
Un balde de agua helada cayó sobre mí al escuchar aquello, lo peor fue que eso, no pasó desapercibido ante Ale, pues estuve a punto de caerme de la silla en la que estaba sentada. Ella se puso de pie y me detuvo enseguida y por unos momentos, escuchaba su voz muy lejos, hasta que algo, me hizo regresar, al momento y al lugar.
–Amaia, ¿Estás bien? No me digas que te sigues sintiendo mal ¿Sí te has estado inyectando, cierto?
Lo bueno es que