Amaia Domínguez García
León, Guanajuato, México
Al día siguiente, desperté y Axel aún no se había despertado. Me quedé observándolo por unos momentos, siendo para mí, la visión más hermosa del universo, se veía muy guapo así tranquilo y descansando plácidamente, como si nada en el mundo pudiera perturbar su paz y su calma y yo, disfrutaba mucho verlo así. Lo acaricié suavemente, con la yema de mis dedos con cuidado de no despertarlo, por el contrario, al hacer aquello, me arrullé nuevamente y v