Capítulo 8 —La grieta en el muro
Dante se quedó unos segundos en el pasillo, con la pantalla del celular todavía encendida tras cortar con su madre. El peso de las cuarenta y ocho horas pactadas se le instaló en el pecho como una cuenta regresiva implacable. Se pasó una mano por el rostro, apagó el dispositivo y, en lugar de entrar de inmediato al departamento, buscó en su agenda el contacto de la única persona en la que confiaba ciegamente para manejar el trabajo sucio.
Marcó el número de Matí