En la mañana del último día del año, todos regresan a sus hogares, excepto Kris que lleva a la pareja en su camioneta. En el transcurso, no paran de hablar de lo loco que ha sido todo; aún confundidos, solo esperan que todos paguen por sus actos, como incluso a ellos les ha tocado hacer.
Para cuando entran al apartamento, el pequeño James los ve a los tres y salta de alegría dejándose cargar y dar besos.
—Hola mi amor —masculla Leslie, abrazándolo con amor entre sus brazos—. Mamá, papá y el tío