Esa misma tarde, puso su descabellado plan en marcha. Consiguió un uniforme médico impecable: filipina blanca, pantalones holgados, un estetoscopio falso colgado al cuello y una credencial genérica de una agencia de enfermería que había mandado a falsificar. Se recogió el característico cabello rubio en un moño estricto y se cubrió la mitad del rostro con un tapabocas quirúrgico, dejando a la vista solo unos anteojos de armazón grueso que rara vez usaba.
Al llegar al lugar, su aura de autoridad