—Voy... voy a la habitación —avisó, titubeando torpemente y retrocediendo un paso—. Necesito hacer algo. Ian parpadeó, saliendo del trance, y frunció el ceño, frustrado por la repentina huida. —¿Qué necesitas hacer tan urgente? —le cuestionó, enderezándose en el asiento. Buscando una excusa rápida, Annie soltó lo primero que se le vino a la mente.
—Llamar a mi madre. Sí, eso. Le había prometido una videollamada para esta hora.
Ian la miró con los ojos entrecerrados, evaluando su mentira en seg