Perspectiva de Noah
La calma después de la tormenta tenía un sabor peculiar. Ya no vivíamos bajo el escrutinio de Massimiliano, ni bajo la sombra constante de la deuda de Miranda. Habíamos transformado nuestro caos en un refugio, un espacio donde nuestra dinámica —esa mezcla de reto intelectual y pasión desenfrenada— se había vuelto nuestra rutina diaria.
Eran las diez de la mañana de un martes. Estaba en mi despacho del SoHo, terminando de revisar los últimos bocetos de la temporada primavera-