Epílogo
Un año después.
El bullicio en el corazón de Manhattan era ensordecedor, pero dentro del inmenso y lujoso local de la Quinta Avenida, el ambiente era de pura magia.
El aroma a vainilla, canela y masa recién horneada flotaba en el aire, mezclándose con la sofisticación del diseño interior. Letras doradas brillaban sobre la entrada principal, anunciando al mundo el nombre del lugar: Dolce Vita.
Annie, enfundada en un elegante vestido lila q