La campanilla de la puerta de la cafetería tintineó débilmente cuando Annie cruzó el umbral. El lugar olía a café recién molido y a pan tostado, un ambiente cálido que contrastaba violentamente con el frío paralizante que le helaba la sangre.
No tuvo que buscarlo. Ian Winchester era una fuerza de la naturaleza imposible de ignorar. Estaba sentado en la mesa más apartada, junto al ventanal. Llevaba un abrigo oscuro que realzaba la anchura de sus hombros y la innegable autoridad que emanaba de ca