El teléfono desechable vibró sobre la pequeña mesa de madera, rompiendo el sepulcral silencio de la habitación. Annie lo miró con el corazón desbocado, intentando adivinar quién estaría detrás de aquella llamada de número desconocido. Dudó por varios segundos, temiendo que fuera la voz ronca de Ian buscando respuestas, pero finalmente contestó, llevando el aparato a su oreja con la respiración contenida.
—¿Diga? —murmuró, con la voz frágil.
Al otro lado de la línea se escuchó un suspiro pesa