—¡No puede ser cierto! —exclamó Victoria, retrocediendo un paso como si las palabras de Ian la hubieran golpeado físicamente—. No, no... eso no debe ser cierto. Mi hija no ha perdido el bebé, ¿cómo es posible?
La negación en su voz era absoluta, cargada del terror más primitivo que una madre podía experimentar. Llevó ambas manos a su rostro, negando frenéticamente con la cabeza.
Ian la observó en silencio, con los ojos entrecerrados y el pecho oprimido. La reacción de la mujer era demasiado vis