Annie se lanzó a ese abrazo. Apretó los ojos con fuerza, enterrando el rostro en el hombro de su madre por un segundo más de lo habitual, aspirando su aroma, grabando a fuego en su memoria la calidez de ese contacto. Quería gritar. Quería decirle la verdad, advertirle de los monstruos que la acechaban, pero se tragó el nudo de su garganta y forzó la mejor sonrisa que pudo encontrar.
—Hola, mamá. Pasaba por aquí y quería verte un rato.
Se sentaron juntas en el pequeño sofá de la sala. La convers