La madrugada avanzaba implacable y Annie seguía dando vueltas y vueltas sobre la inmensa cama del Penthouse. El sueño se le escapaba, ahuyentado por la imagen tóxica que ardía en la pantalla de su teléfono. En un momento de desesperación, tomó el móvil con la intención de llamar a Christopher para exigirle la ubicación de Ian, pero se detuvo justo antes de marcar. No se iba a hacer ver demasiado desesperada, demasiado interesada, y no estaba dispuesta a quedar más humillada de lo que ya se sent