Cuando el bullicio del evento me hizo regresar a la realidad, ya tenía el corazón en la garganta y la mente corriendo a mil kilómetros por hora.
¿Qué carajos acabo de hacer?
Por fortuna, Bianca no me siguió en busca de respuestas o discusiones. Tenía clavada en mi mente esa sonrisa triste y las palabras que quedaron suspendidas en el aire.
«No sé qué decirte, Adara».
Pero no hacía falta... Su silencio lo había dicho todo.
Ella amaba a mi mejor amigo. Quería volver a su lado y yo... Joder, no sé