Capítulo 68 — Una certeza que me resultaba amarga.
Minutos más tarde, cuando la conversación ya se había dispersado y Holden hablaba con su abuelo sobre el futuro de la compañía, apreté su mano y me excusé para ir al baño.
—Necesito ir —le dije.
—¿Quieres que te acompañe?
—No es necesario, Holden —negué con la cabeza—. Sé cuidarme sola.
—Vale, pero no tardes o iré a buscarte —respondió él, guiñándome un ojo—. Y no te prometo nada decente.
Sonreí y me alejé, directo hacia los baños, sintiendo la mirada de August clavada en mi espalda, pero me ob