Capítulo 37 — Carnada fresca.
Andrea nos dejó en la puerta del edificio con una sonrisa llena de diversión. Aunque también se notaba cansada.
—Bueno, niños —se despidió, apoyada en el marco de la puerta del conductor—. Que tengan una noche bastante productiva... O terapéutica... Mejor que sean ambas. Y si necesitan que los recoja de la comisaría por alterar el orden público con sus gritos, ya saben, llámenme. Me aseguraré de llevar palomitas.
—Andrea.
—Ya... Me voy, me voy. Estás muy sensible hoy, jefecito —Luego me guiñó u