El ascensor me llevó directo al penthouse y, aunque el ambiente estaba en completo silencio, mi mente era un torbellino ahora mismo.
Ahora no sabía si el haberme sincerado con Andrea había sido buena idea.
Cuando las puertas del ascensor se abrieron, no tuve tiempo para reaccionar.
Unos labios necesitados se encontraron con los míos antes de que pudiera articular alguna palabra.
¿Qué le pasa a Holden?
Él no es así.
—Holden… —logré llamarlo entre beso y beso.
—No digas nada, Dara... Te necesito