CAPÍTULO 163. Promesas eternas.
Capítulo 163
Promesas eternas.
La tarde en Acapulco comenzaba a declinar cuando Leonard se levantó con cuidado de la toalla donde había estado descansando bajo la palmera. El sol, ya cerca del horizonte, teñía el cielo de un coral pálido que se reflejaba en cada ola. A lo lejos, el rumor del mar se mezclaba con el sonido de la brisa entre las hojas de las palmeras, y las antorchas recién encendidas crepitaban con un calor acogedor.
—¿Lista, mi amor? —preguntó Leonard, aún descalzo, inclinándose